María de La Altagracia

Como eco claro de la Navidad y de la Epifanía, la celebración de Nuestra Señora de La Altagracia, el 21 de enero de cada año, es una ocasión especial para los dominicanos, pues es una oportunidad para renovar nuestro cariño por la madre de Dios, aquella que, junto a Jesús y a José forma la familia modelo. Nos permite, esta fiesta tan trascendental para los dominicanos, que es declarada de Día No Laborable, precisamente, para que nada nos impida dedicar tiempo a expresar nuestro amor a Dios Padre, por haber concedido a la joven nazarena la “Alta Gracia” de ser madre de su hijo querido. Al gritar, ¡Alégrate, María, llena de Gracia, bendita del Padre, Madre del Hijo y Sagrario del Espíritu!, como canta el P. Gabarain, reconocemos que es modelo de fe y de entrega a Dios, y que lo mejor que podemos hacer es imitar su amor, su respuesta dócil, su modo de ver las acciones de Dios, que no siempre son comprensibles al instante, pero, que, al tener su actitud, colaboraremos para construir un mundo más cristiano, que implica ser más humano, más justo, más solidario. Como nos dice el Papa Francisco: “Un mundo que mira al futuro sin mirada materna es miope”.

El tiempo es propicio, Familia San Judas, afiancemos los lazos del amor, la solidaridad, la verdad, la bondad, la entrega, a imagen de la familia de Nazaret, como Jesús, que se abaja para elevar a los humildes, de José, que renuncia a su propio proyecto y se entrega por completo al proyecto de Dios, como María, cuya decisión cambió la historia, pero desde la humildad, poniendo cada uno lo mejor de sí. De igual modo cada uno, poniendo lo mejor de nosotros, colaborando, entregándonos, mejorando nuestras conversaciones, relaciones y actitudes, construiremos mejores espacios, una mejor sociedad, un mundo mejor.