IX Concurso Literario de Relatos cortos “Eugenio Asensio” – El lápiz sin goma

Participantes en el IX Concurso Literario de Relatos cortos “Eugenio Asensio”, organizado por el Instituto Español “Giner de los Ríos” de Lisboa, Portugal, en mayo de 2018.

El lápiz sin goma

Categoría B    –    Lorena Ainara San Bruno    

 

“Para:

Hernández Santana, Valeria

Escribo esto mientras me tiemblan las manos por el frío. Miro las paredes y pienso en qué escribir; no tanto en qué, sino en cómo, por dónde comenzar… son muchas cosas, ya que estoy empezando en el final. Mi final.

De seguro pasarán unos años antes de que leas esta carta, pues es una carta diferente a las otras; escrita con un lápiz de poco más de 4 centímetros, sin goma para borrar, aunque no la necesito, pues casi no cometo errores. Un lápiz que ha estado junto a mí durante 17 años, y que espero que dure sólo 3 años más junto a mí.

Digamos que es importante para mí este lápiz, pues no hay otro igual y no se me permite tener más. Mi relación con este lápiz es todo lo opuesto a la relación que tengo con la persona que más amo en el mundo, pues nunca he estado cerca de dicha persona.

Sé todo de ti, no me conoces pero eso no quita mi preocupación y amor hacia ti.

Hoy cumples 17, y estás muy emocionada por ello y no te culpo, es normal, ya eres adolescente, y en camino a ser una mujer independiente. Tal vez empecé un poco tarde, duré mucho en decirte las cosas que hace tiempo ya debías saber y que apuesto a que no te han dicho.

La vida no es fácil, dímelo a mí, que sé más que nadie de eso. Debes estar preparada y aquí te daré varios consejos que he aprendido y comprobado durante mi estadía en este “hotel” 0 estrellas:

 

  • Los malos días son necesarios, pues así se aprende a valorar los buenos, recuerda, no es una mala vida, solo un mal día.
  • Perdona, pero no olvides. Tristemente este consejo no aplica para mí, pues lo que me han hecho es tan grande que hasta el diablo siente pena por mí.
  • Los buenos amigos son los que hablan mal de ti en tu cara, y bien a tus espaldas.
  • Si desesperas, no mires el reloj. Este ha sido fácil para mí ya que no tengo relojes.
  • Disfruta cada momento.

Y quiero que sepas que si algún día nos encontramos, te reconoceré, sonreiré, y te dejaré ir, sin decir nada, pues no puedo llegar a tu vida como si nada, así como así, y pretender que me ames.

Y quiero que sepas que si no te llegan más cartas como esta, es porque se me gastó el lápiz que usé para escribirte esta carta.

Te amo.

Atentamente: anónimo ”

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⁃ ¿Cómo que anónimo?

⁃ Eso dice mamá.- Dije con tono de preocupación.

⁃ Debes botarla.- Dijo insegura, asustada.

⁃ No mamá, es bonita; me gusta, además… ¿Qué tal que algún día conozca a esta persona? Debo de recordar todo lo que me dijo para reconocerla…

⁃ Es que no entiendo.. ¿Quién puede ser? ¿Porque sabe tu fecha de cumpleaños? ¿Qué lápiz? ¿Qué hotel? Esto fue hace 3 años Valeria.

⁃ Bueno, yo la voy a guardar, no pierdo nada.

⁃ No me parece buena idea. – insistió nerviosa.

⁃ ¡Ay, ya! ¿Qué va a pasar? -dije aburrida mientras me paraba de la mesa dirigiéndome a la cama. Ya que había empezado un nuevo trabajo como secretaria de un gran abogado, no hacía gran cosa, sólo atendía a sus clientes, les pasaba los documentos básicos para que firmaran y veía sus casos antes de pasárselos a él, no sé para qué quería que los viese pero bueno, yo lo hacía sin problema, así me entretenía.

(3 meses después)

⁃ ¿Pablo José Hernández? – dije, mirando perdidamente entre las personas en la sala de espera.

⁃ Soy yo.

⁃ Pase para que firme unos papeles y hable con el abogado, ¿sí?

⁃ Con mucho gusto, señorita.

Me senté y abrí una carpeta con los documentos que tenía que firmar el cliente, nada nuevo para mí.

⁃ Tome asiento- le dije amablemente-.

⁃ Gracias – me dice con una sonrisa.

⁃ Y dígame, ¿porque está usted aquí? – le dije mientras le pasaba los papeles.

⁃ Bueno, es una larga y triste historia señorita, no creo que ust.. -no, ¡cuénteme! – le dije con una sonrisa, -tengo mucho tiempo para oír, la verdad es que desespera estar en esta oficina – dije mirando el reloj.

⁃ No mire el reloj si está desesperada.- dijo.

Lo miré rápidamente, pues me vino un viejo recuerdo que no lograba aclarar en mi cabeza.

⁃ Amm… Jaja… Sí, eso me han dicho- dije con una sonrisa mirando hacia abajo. – Bueno, ¿me va a contar? – dije amablemente.

⁃ Si, claro. – me dijo mirando sus dedos. -Hace 21 años, tuve una novia, la amaba infinitamente y nuestro amor, bueno… – dijo con un tono triste- mi amor hacia ella… dio resultado a una hermosa niña, a la que nunca conocí, pues ella me acusó de un delito que no cometí para quedarse con mi dinero y tan grave fue, que duré 20 años en la cárcel y vine a demandarla.

⁃ Wao, señor.. -paré un momento para ver su apellido- señor Hernandez, ¿cierto?

⁃ Sí, señorita- asintió con la cabeza.

⁃ Y… ¿Tiene pruebas de que usted no cometió tal crimen?

⁃ Sí. señorita.

⁃ Bueno, eso es importante. Me imagino qué sufrimiento, tener que pagar por un crimen que no cometió…

⁃ Así es, pero para eso estamos aquí, señorita.. -paró de hablar y miró el carnet con mi nombre y apellido que cuelga en mi pecho – señorita Va-Valeria -para nuevamente y me mira a los ojos- Valeria Hernández- dijo sonriéndome enormemente con los ojos aguados.

⁃ Si, sí… Eh, perdón, ¿le pasa algo señor?

⁃ No, jaja, no, no, es solo que… pues que usted tiene un hermoso nombre señorita- dijo tartamudeando mientras examinaba mi cara con una sonrisa.

⁃ Bueno, gracias – dije un poco incómoda pero sonriendo. – Bueno, llene esto y firme acá.

⁃ Claro, – dijo mientras sacaba un lápiz que no tenía goma.

⁃ Señor… ¿Desea una goma? Su lápiz no tiene..

⁃ No, señorita, muchas gracias pero es que yo casi nunca cometo errores -dijo mirándome atento.

Fue en ese momento cuando recordé la carta anónima que me habían mandado hace unos tres años.

Mis ojos se aguaron, até los cabos de la conversación previa entre este señor y yo.

Yo nunca conocí a mi papá, y él nunca conoció a su hija.

⁃ Listo – dijo pasándome los papeles.

⁃ Bien y dígame algo… – dije sonriendo- veo que consiguió un lápiz nuevo. Ya no tiene 4 centímetros- dije esperando una respuesta.

Me miró rápidamente y una lágrima corrió por sus mejillas.

⁃ QUE PASE EL SIGUIENTE- gritó el abogado interrumpiendo.