IX Concurso Literario de Relatos cortos “Eugenio Asensio” – El Calif??

Participantes en el IX Concurso Literario de Relatos cortos “Eugenio Asensio”, organizado por el Instituto Espa??ol “Giner de los R??os” de Lisboa, Portugal, en mayo de 2018.

El Calif??

Categor??a A???? -?? Laura Gabriela Fern??ndez Abreu????

??

Mientras la l??mpara humeaba en la oscuridad, Juan escuchaba el ruido m??s aterrador de la ??poca, ese tu tu tu de los cepillos del Servicio de Inteligencia Militar pasar y parase enfrente de aquella casa.

Todos gritaron m??s nadie sali?? a defenderlos. Sab??an que pagar??an con su vida si se pon??an en contra de los calieses del r??gimen, que muchas veces, con mentiras sal??an de todos aquellos que les cayeran mal.

Apag?? la l??mpara y por las rendijas de su casa se prest?? a brechar, para ver qui??n era llevado a la luz de la luna, para mala suerte seria posiblemente conducido a La 40, aquel lugar donde los gritos eran ahogados por la sangre de los torturados por ser contrarios al r??gimen; el nombre de aquel lugar solo pod??a ser sin??nimo de muerte.

El sonido de los cepillos se esfum?? detr??s de la estela de polvo que dejaba ver la luna, para dar paso a los lamentos. La esposa del detenido era a partir de este momento vista como viuda y sus hijos como hu??rfanos; eran a partir de ahora una especie de exiliados de sus vecinos y parientes, que por temor a sufrir la misma suerte los abandonaban y exclu??an de sus actividades y no los visitaban m??s.

El terror sin embargo, no era en todos tan grande como para olvidar la familia de su amigo de infancia. Juan sin temor a nada, se visti?? y paso donde su vecina. Le llev?? un racimo de guineos, una gallina y dinero sin pasar palabras y presuroso; lo de valiente no quitaba la inteligencia y ??l lo sab??a.

Pasaron d??as y vio en el peri??dico c??mo algunos funcionarios llegaban de su viaje a Par??s. Luego en el parque los escuchaba hablar como si fueran intelectuales de cualquier situaci??n que no merec??a gran an??lisis. Ricos, poderosos y tontos, toda una s??tira a ese dolor que llevaba por no saber m??s de su amigo.

Pasaron los meses y ese dolor acrecent??, convirti??ndose en protesta que sin poder exponer llevaba como marcha f??nebre por dentro. Miro la m??quina de coser de su madre con la que hab??a aprendido a coser y comenz?? a hacer un traje tipo frac con un gran sombrero de unos retazos de tela que hab??an sobrado del trabajo de modista que hacia su madre.

Ya listo sali?? a las calles a pelear a su modo: Haciendo cosas jocosas delante de todos cuando hab??a calieses del SIM y criticando al r??gimen cuando no hab??a calieses. Todos re??an y aplaud??an sus ocurrencias.

Tan respetado y aceptado fue, que cuando llegaba al parque todos asent??an con la cabeza si no hab??a calieses y no hac??an ninguna se??a si hab??a. Pero un d??a no not?? la se??a y habl??:

En la 40 no tiene nombre ning??n hombre

Y como el que sin nombre no vale,

lo encuentran en los matorrales.

Todos salieron huyendo del lugar disimuladamente, d??ndose cuenta Juan de su metida de pata. Tratando de arreglar las cosas, hizo algunos chistes pero no pudo m??s que pasar su trago amargo por la garganta, asegurar su sombrero y retirarse rogando que el tiznao de la l??mpara en su cara y el rojo en los ojos y la boca lo hicieran irreconocible.

Era imposible no sentir terror y no imaginarse la suerte de su madre y su esposa solas en un mundo donde todos exiliaban por temor a quienes hab??an ca??do en desgracia.

Esa noche no pod??a dormir, pero la cena lo hab??a satisfecho tanto, que el calor de la noche lo abob?? y termin?? durmiendo como ni??o, para despertar en medio de aquel sonido aterrador.

Escucho a lo lejos el tu tu tu de los Cepillos del SIM que se acercaban, despert?? y beso en la frente a su amada y su madre y las hizo esconderse en el patio r??pidamente. Apag?? la l??mpara y esper??.

Or?? a San Bartolom??, viendo por las rendijas como los cepillos se paraban en el frente de su casa un momento y despu??s segu??an de largo. Magdalena entr?? a la casa y le dijo que ten??a que dejar de hacer eso, que los iban a matar por ??l estar de terco.

Esa noche Juan quem?? su traje junto con su protesta. Y mientras ve??a las cenizas recorrer el patio solo pensaba en su amigo y la suerte que hab??a corrido en aquel lugar tan cruel. Su conciencia lo volvi?? a llevar sigilosamente a dejar comida en la puerta trasera de su vecina, como ofrenda a la amistad que siempre tuvo con ellos.

Ya en la cama agradeci?? no ser llevado a La 40 y entendi?? el miedo de todos desde su propia piel. Observ?? a su esposa dormir y se par?? de la cama a arropar a su madre, era dif??cil elegir entre defender a otros y morir.

La valent??a comenzaba a verse est??pida desde los zapatos del miedo, le temblaron hasta los huesos y simplemente agradeci?? a San Bartolom?? estar tranquilo. Destap?? la tinaja y tomo agua, para luego seguir con su sue??o que hab??a pasado de protestante a solo dormir.

Pasado el anochecer, sali?? a trabajar y cruzando el umbral de la casa que compart??a con su madre y su esposa Magdalena encontr?? una caja misteriosa a sus pies. Aterrado la abri?? para descubrir en su interior un traje negro de frac, maquillaje negro y blanco, un sombrero alto y una nota sin firma que dec??a por fuera despu??s de leer, quemar.

La abri?? mirando para todos lados y la ley?? con voz entrecortada:

Querido Calif??: aqu?? te dejo un mejor traje para que puedas continuar lo que nosotros por temor no podemos ni pensar. Si no sigues con esto te vendremos a buscar. Tu amigo ser?? devuelto en algunos d??as. Recuerda despu??s de leer esto quemarlo no tan solo en fuego sino en pensamiento.

 

Fin