No olvides ser feliz

Camila Torre, SJT

En un lugar lejano había un niño del que todos los adultos que le rodeaban se quejaban. Decían que siempre estaba aburrido, que quería llamar la atención, que no valoraba lo que tenía, que no se estaba tranquilo, entre otras cosas más…

Pero lo que nadie se detenía a pensar eran las razones por las cuales éste niño actuaba de esa manera.

¿Cómo era su vida?

En las noches, a pesar de estar en la cama, esperaba despierto hasta escuchar el sonido del carro de sus padres, quienes por ser tan trabajadores frecuentemente llegaban tarde. Se levantaba ligeramente cansado, se alistaba y su parte favorita era el camino hacia el colegio, porque podía compartir con sus padres, pero últimamente los problemas del tránsito o una que otra llamada hacían que el camino se hiciera más largo de la cuenta, no es nada, siempre está su tableta o celular para jugar. Al llegar al colegio, saluda a sus amigos con emoción y disfruta jugar con ellos ¡Suena el timbre! Empieza el momento

de trabajo, su maestra habla, habla y habla más, al final dice las instrucciones… Pero ya ha perdido la atención, le pican los ojos del sueño y ha olvidado ¡todo! Oh, oh… Ya imaginamos cómo termina esta parte, tiempo extra de trabajo, menos tiempo de juego, una nota para los padres en casa… El día y la semana transcurre entre clases de ajedrez, inglés, tareas, fútbol, ir a misa, etc… Cuando llega el fi n de semana salen a unos cuantos restaurantes, pero todos parecen estar ensimismados en sus asuntos, lo mandan a jugar con sus juguetes. Así le pasan los días una y otra vez.

Este niño ¿Se parece a uno o varios que conoces? En la actualidad nuestros hijos y estudiantes parece ser que necesitan una chispa de las buenas cosas que Dios y la vida nos ha dado para disfrutar. Un buen paseo en bicicleta con los vecinitos, poner la mesa para una comida con la familia, unos chistes de papá en el camino del carro…  Y sobre todo adultos que estén dispuestos a demostrarles que la

felicidad es real y se cultiva día a día a pesar de todas las dificultades que podamos enfrentar.

Hace unos días leía un titular de un artículo que decía: “Los niños necesitan adultos felices” y dije ¡Sí! necesitan adultos que los despierten con un beso, que a pesar de los tapones conversen y den gracias a Dios por un nuevo día, maestros que enseñen con disciplina y buen humor.  Porque los niños aprenden observando, y si lo que ven es que el celular es mi mejor amigo, que el estrés es la actitud de siempre, que las preocupaciones vencen a la esperanza, que si estoy de mal humor puedo dejar de saludar o incluso irrespetar a los demás, pues de esa misma manera serán ellos.

Parte de la felicidad es la satisfacción por los logros alcanzados, que se debe poner en práctica a través de las responsabilidades. Los niños necesitan responsabilidades, hay muchas fuentes en las que podemos consultar sobre tareas adecuadas según las edades, cómo suministrar la mesada y fomentar el ahorro. Nunca es tarde para empezar.

Seamos adultos felices, agradecidos, disciplinados, responsables, con Fe, para que nuestros hijos y estudiantes sean felices también.